Lamentos a las 11:11

Si las palabras pudieran llorarse yo, ya estaría ahogada, en los miles de "quédate conmigo" en los "¿por qué no me eliges?" y en los "te habría hecho feliz". Con el tiempo, el dolor se convirtió en flotador. A la rutina le salieron piernas y me cargó hacia las nubes para perderme un rato.


Los atardeceres fueron indicador para adormecerme. Caminaba sobre piedras, guiada por el recuerdo, destinada a buscarte en todos los lugares donde ya no estabas. Te regalé mi pueblito mágico, en el cual solía refugiarme. Ahora, sonámbula, me refugio en personas sin rostro, borrones de colores a base de lágrimas y sueños de una vida que no nos atrevimos a vivir.